La sorprendente relación entre el autismo y las bacterias intestinales

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Recientemente os contamos que, al contrario de lo que solemos creer, el autismo no es sólo una enfermedad mental. 

Esto se debe a que en realidad se trata de una combinación de errores en todo el sistema que dan lugar a otros muchos síntomas más allá de la enfermedad mental.

Por ejemplo, son muchos los casos de pacientes autistas con problemas intestinales, debido a un exceso de permeabilidad que da lugar a que se produzcan fugas del contenido de los intestinos hacia la sangre. Esto ha hecho que en los últimos años se hayan desarrollado muchos estudios en torno la posible implicación de las bacterias intestinales en la aparición de la enfermedad. Y parece ser que sí hay una relación cada vez más clara, por lo que hoy os vamos a contar algunos ejemplos.

¿Qué se sabía hasta ahora sobre la relación entre autismo y bacterias intestinales?

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Desde el año 2013 se han desarrollado varios estudios con el fin de buscar una relación entre autismo y bacterias intestinales.

Uno de los primeros, llevado a cabo por científicos italianos y publicado en la revista PLOS One, puso de manifiesto la gran diferencia entre la densidad de la flora intestinal de niños sanos y autistas, ya que estos últimos mostraban una marcada carencia, especialmente en lo que a bifidobacterias se refiere.

Por otro lado, ese mismo año, un grupo de investigadores del Instituto de Tecnología de California realizó un estudio similar que analiza el uso de bacterias intestinales en el tratamiento de enfermedades mentales. Además, consiguieron revertir algunos síntomas asociados al autismo en ratones después de tratarlos con una bacteria, llamada Bacteroides fragilis, que se encontraba a niveles muy bajos desde su nacimiento.

Pero quizás uno de los experimentos más relevantes de los realizados hasta hoy fue uno presentado en la reunión Anual de la Sociedad Americana de Microbiología en 2014 y llevado a cabo por científicos de la Universidad de Arizona. En él estos investigadores analizaron los niveles de una serie de subproductos microbianos en las heces de niños, tanto autistas como sanos, concluyendo que los primeros tenían una marcada carencia de varias bacterias.

El último estudio que demuestra que existe una relación entre autismo y bacterias intestinales

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Todo lo mencionado anteriormente lleva a pensar que las bacterias intestinales son capaces de actuar de algún modo sobre el cerebro, dando lugar a algunos de los síntomas característicos del autismo, pero lo que no se sabía hasta ahora es cómo tiene lugar esta actuación ni a qué se debe esa carencia en la flora intestinal.

Sin embargo, algunas de estas preguntas han podido responderse gracias a un estudio publicado recientemente en la revista Cell.

Todo comenzó al comprobar que los ratones con problemas de interacción social mejoraban notablemente al ingerir las heces de sus compañeros sanos de jaula, un comportamiento muy común en estos roedores.

Esto dejaba claro de nuevo que la flora intestinal de individuos sanos podía contribuir en la mejoría de los enfermos, pero era necesario estudiar el caso a fondo para conocer las causas.

Como en el resto de estudios, el primer paso fue comprobar cuáles eran las bacterias que se encontraban disminuidas en ratones enfermos, por lo que se procedió a analizar su flora intestinal, comprobando que había hasta 50 bacterias cuya densidad era muchísimo menor en ratones autistas, aunque el caso más notable era el de una concreta, llamada Lactobacillus reuteri.

En cuanto a su método de actuación, aunque no es seguro, estos científicos comprobaron que si se administraba esta bacteria exógena a los ratones con problemas sociales se elevaban los niveles de la hormona oxitocina, que se encontraban muy deficitarios hasta ese momento, produciéndose con ello una mejoría inmediata de los síntomas.

¿A qué puede deberse esta carencia de bacterias intestinales en los autistas?

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Aunque no se conocen las causas, hace tiempo que se sabe que existe una correlación entre la obesidad durante el embarazo y el nacimiento de hijos con trastornos como el autismo.

Por eso, los investigadores responsables de este último estudio decidieron tomar ratonas preñadas y administrarles una dieta rica en grasas para provocarles obesidad durante el embarazo. Como resultado, una vez que tuvieron las crías y se analizó su flora intestinal, se comprobó que, como cabía esperar, los niveles de L. reuteri estaban disminuidos.

Por lo tanto, aunque aún falta mucho por investigar y no hay pruebas de que en humanos ocurra exactamente lo mismo, cada vez parece más posible el diseño de un tratamiento basado en la administración de bacterias intestinales para tratar el autismo. 

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