¿Por qué las noches de insomnio disparan la creatividad?

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Son las cuatro y diez de la mañana y te despiertas, así, de repente. Sin avisar, a tu cerebro le han tirado un cubo de agua encima y ahora no hay quien duerma. Das vueltas en la cama, intentando buscar la postura más cómoda para adormecer, de nuevo, la sesera, pero resulta de lo más inútil. La única solución que se te ocurre es esperar.

Todos nosotros, alguna que otra vez, hemos tenido noches como ésta. Sin embargo, el insomnio nocturno no resulta tan perjudicial como pensamos. Varios historiadores y psicólogos han señalado recientemente que despertarse en mitad del crepúsculo incrementa nuestros niveles de creatividad. Una costumbre que nuestros antepasados tenían y que aprovechaban para leer, escribir, charlar o hacer el amor.

La investigación que en la década de los noventa llevó a cabo Thomas Wehr, psiquiatra del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, predijo la teoría que viene sosteniendo desde principios de siglo el historiador Roger Ekirch, del Instituto Tecnológico de Virginia. La de que, antes de la llegada de la luz artificial, los seres humanos dormían dos veces en una misma noche.

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Más conocido como sueño segmentado, nuestros antepasados solían acostarse poco tiempo después de que se pusiera el sol y se levantaban tres o cuatro horas más tarde. Llegaba así el momento de rezar, leer, escribir o disfrutar de los encuentros amorosos entre una y tres horas, para después volver a dormir hasta el amanecer.

Gracias a los más de 500 documentos históricos que Ekirch analizó durante dieciséis años para encontrar referencias sobre los antiguos hábitos nocturnos, el historiador descubrió que el sueño segmentado desapareció en el momento en que nació la luz eléctrica. Las calles iluminadas se volvieron más seguras para caminar por la noche y se puso de moda socializar en horario vespertino.

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Con ello, no sólo se perdió la costumbre de dormir dos veces, sino también la creatividad que explosionaba entre sueño y sueño. En su investigación, Wehr dejó a varias personas con tan sólo diez horas de luz – en lugar de las dieciséis que tenemos por costumbre -, y encontró que las mismas dormían dos veces.

En todo ese tiempo, todas ellas segregaban altos niveles de prolactina, la hormona que nos deja con una sensación de paz cuando nos dormimos o despertamos. Y que, precisamente, hace emerger todas nuestras ideas creativas.

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Muchos artistas se despiertan en mitad de la madrugada para aprovechar los efectos que deja la prolactina. En su libro ‘Rituales Diarios: Cómo funciona un artista’, Mason Currey cuenta las prácticas que tenían escritores como Knut Hamsun o Marilynne Robinson, que se despertaban en torno a las tres de la mañana para escribir. O el caso del arquitecto estadounidense Frank Lloyd Wright, que se dedicaba a diseñar cerca de las cuatro de la madrugada.

Una práctica también de lo más normal para los publicistas, que aprovechan la inspiración nocturna para dar con las ideas más creativas. Resulta tan conocida esta costumbre que, incluso, hay concursos sobre ello. Así que no andes preocupado si tu cerebro se despierta a esas horas, porque quizás te está pidiendo que lo alimentes de creatividad.

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